México, Casa Unida de Publicaciones-Centro para la Excelencia
en la Predicación-Comunión Mexicana de Iglesias Reformadas y Presbiterianas-Comunidad Teológica de México, 2026.
Prólogo de Justo L. González.
Bien haríamos los historiadores de la iglesia en prestarle más atención a la historia de la predicación, pues hay un vínculo innegable entre la historia de la iglesia y la historia de su predicación. Los mejores tiempos en la historia de la iglesia han sido también los mejores en la historia de la predicación. Y viceversa, los peores en la historia de la iglesia han sido también los peores en la historia de la predicación.
Hay un tipo de predicación que trae el mundo dentro de la iglesia con el propósito de hacerle ver al pueblo creyente cómo su fe se relaciona con ese mundo, y para así invitarle, no sencillamente a la obediencia en los ámbitos eclesiásticos y religiosos, sino también a su obediencia en los ámbitos del mundo y de su orden social, político y económico.
El libro de Leopoldo Cervantes-Ortiz es un excelente ejemplo. En estos sermones, el predicador da por sentado que se dirige al pueblo creyente, y que por tanto para su audiencia la Palabra de Dios tiene una autoridad indiscutible. Su propósito no es ni llamar a los incrédulos a la fe, ni convencerles de la autoridad de la Biblia. Su propósito es más bien usar las circunstancias del mundo actual como lente hermenéutico a través del cual leer los textos que la congregación toda considera inspirados. Pero leerlos de un modo nuevo —de un modo que invite a los creyentes a relacionarse ellos también con las circunstancias y los retos del mundo presente, de igual modo que esas circunstancias y retos se relacionan con la Palabra de Dios a través de la predicación.
Justo L. González, teólogo e historiador
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