2010/12/29

El salmo fugitivo. Antología de poesía religiosa latinoamericana (2009)



Prólogo de Carlos Monsiváis

Palabras preliminares de Luis Rivera-Pagán

Terrassa (España), CLIE, 2009

“A la sombra del salmo ha estado viviendo el hombre muchos siglos…” escribe León Felipe, en sus versos de honor al salmo fugitivo, al salmo que huye de la prisión en la que pretenden enclaustrarlo sanedrines, sínodos y consistorios, al salmo que peregrina hacia su matriz original: la poesía. Esta antología de poesía religiosa, magistralmente compilada por Leopoldo Cervantes-Ortiz, con un título, El salmo fugitivo, que tanto evoca a ese gran poeta del exilio español en América, es un reflejo de la crucial importancia que la religiosidad, como salmo de fe, esperanza, duda, rebelión y clamor angustiado, reviste en la poesía latinoamericana contemporánea.

Desde su primera edición (2004), esta antología ocupa un lugar privilegiado por diversas razones: 1) Provee pistas únicas para seguirle los pasos a los encuentros amorosos, con frecuencia clandestinos, de la poesía y la religiosidad por lo senderos de nuestros países latinoamericanos. 2) Es una obra de impresionante y poco común talante ecuménico, libre de las restricciones confesionales que con tanta ansiedad defienden las instituciones eclesiásticas. 3) Abarca la amplitud de nuestro continente, desde el Río Grande, en el norte, hasta la Tierra del Fuego, en el sur. 4) Nos permite percibir la rica variedad de enfoques, perspectivas y estilos líricos con que la poesía latinoamericana enfrenta la religiosidad y su intrincada red de espiritualidad, símbolos, creencias y ritos. Esas virtudes se acrecientan en esta nueva edición, aún más amplia y abarcadora, de mayor caudal ecuménico y poético.

Este es un texto indispensable para quienes, como este agradecido lector, no cesamos de admirar la creatividad poética de nuestros pueblos, ni sabemos poner fin a nuestro apasionamiento por los enigmas perennes de la existencia humana, la fuente perenne del sentimiento religioso. En un lugar clave de su obra maestra, Los pasos perdidos, Alejo Carpentier vislumbra como en los orígenes de la historicidad humana, al captarse angustiosamente la fragilidad de todo lo que confiere sentido y valor a nuestra existencia, surgen simultáneamente, como clamor de queja, protesta y esperanza, la poesía, el himno y el salmo. Leopoldo Cervantes-Ortiz recorre, como nadie en nuestras letras continentales, los pasos perdidos de ese clamor. Quedamos todos en deuda con este excepcional intelectual, literato y teólogo mexicano, quien en su propio espíritu creador sabe que, para citar nuevamente a León Felipe, "el poema es un grito en la sombra, como el salmo...”

Luis Rivera-Pagán
Seminario Teológico de Princeton (EU)/ Universidad de Puerto Rico


***


En el nombre del Padre que fizo toda cosa

Carlos Monsiváis


El Faro, México, noviembre-diciembre de 2009




La nueva versión, naturalmente ampliada, de El salmo fugitivo. Antología de poesía religiosa latinoamericana, selección y comentarios de Leopoldo Cervantes-Ortiz (España, Clie, 2009), proporciona un paisaje muy amplio de los vínculos entre la escritura y la sensación de lo trascendente. Llama la atención el número de poemas donde escritores más bien agnósticos dialogan con Dios, en este caso no el ser todo poderoso que preside la Santísima Trinidad, sino la expresión de lo sublime, de aquello cuya razón de ser es eliminar el encierro de los individuos. No es el Dios de la religión organizada, sino el representante de las fuerzas desconocidas, lo ignoto que está allí para que sepamos que la soledad es imposible. A él se dirige el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón:

De perdón tejido y fatalidad

por el ángel tristísimo del sueño,

siento la luz de un día, allá, del otro lado,

su precisa pureza, su insatisfecha furia.


Heme aquí conteniendo con mis párpados

que no quieren cerrarse, ¡oh, Dios Ignoto!

ni bajo el peso de tu propio olvido,

la infinita invasión de la tierra.

Al conjunto de creencias, sensaciones, intuiciones profundas que no tienen sino el nombre de Dios para identificarse, pero que constituyen el objeto del diálogo que el escritor o cualquier persona quiere entablar, se dirige el mexicano José Gorostiza en su gran poema Muerte sin fin:

¡Mas que vaso —también—, más providente!

Tal vez esta oquedad que nos estrecha

en islas de monólogos sin eco,

aunque se llama Dios,

no sea sino un vaso

que nos amolda el alma perdidiza,

pero que acaso el alma sólo advierte

en una transparencia acumulada

que tiñe la noción de Él, de azul.

¿Qué hay del Dios de la teología cristiana? En varios poetas queda el residuo de las creencias infantiles, la certidumbre de estar acompañado en el viaje de la insignificancia por el cosmos. No se necesita creer del modo tradicional para hablar con la creencia, no es requisito indispensable la fe específica para tener fe, “la demostración de las cosas que no se ven”. Dios, desde hace dos siglos, es la palabra que cubre los misterios y las iluminaciones, las blasfemias y las postraciones de hinojos, lo entrañable y lo inmisericorde. El vocablo Dios desde su origen, y en los diferentes idiomas, es lo innombrable que se deja definir de incontables maneras, es lo que nos precede, nos acontece y nos sucede, está allí desde el principio y desde el fin (en este orden de cosas, una variante del principio), es el fundamento de la religión y es el principio fundador de la irreligiosidad con vetas místicas. Una descripción adecuada la proporciona Jaime Sabines:

Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio.

A Él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos.
Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. […]

Y por eso inventó la muerte: para que la vida —no tú ni yo— la vida siempre. […]

Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy. A mí me gusta, a mi me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.

Sabines no se encarniza con la potencia suprema, su Dios es el de un deísta con sentido del humor, el de un carente de convicciones específicas que las une gracias a la decisión de ser religioso sin empezar a creer deliberadamente. Un caso opuesto es el de César Vallejo, que dejó de creer pero no abandonó en el olvido al eje de su creencia antigua. Así, en “Los dados eternos”:

Dios mío estoy llorando el ser que vivo;

me pesa haber tomádote tu pan;

pero este pobre barro pensativo

no es costra fermentada en tu costado:

tú no tienes Marías que se van!

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,

hoy supieras ser Dios;

pero tú, que estuviste siempre bien,

no sientes nada de tu creación.

Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Esta poesía de ateos o agnósticos o simplemente deístas es, en un sentido estricto, poesía religiosa, porque el punto de partida y la certeza del escritor de sentirse acompañado en un diálogo en donde a Dios no le corresponde el monólogo de las decisiones y los anuncios desde lo alto del Sinaí que desbaratan a los seres humanos. Dios queda en la condición de amigo, al punto que el cine norteamericano la ha emprendido con él volviéndolo un personaje que hace las veces de Dios porque, además, es Dios. Pero esto no despoja a los textos de su filo religioso. Éste sería el mensaje: Dios está en todo, incluso en este poema.

La poesía teológica o mística está muy bien representada en la antología de Leopoldo Cervantes-Ortiz. Se incluyen los poetas inevitables como Ernesto Cardenal con sus variaciones de los salmos, los sonetos de Concha Urquiza, los textos de Gonzalo Báez-Camargo, los sonetos de Carlos Pellicer, en verdad excepcionales porque funden, como es debido en los poetas, la estética y la doctrina, Dios es verdad porque es belleza:

Haz que tenga piedad de Ti, Dios mío.

Huérfano de mi amor, callas y esperas.

En cuántas y andrajosas primaveras

me viste arder buscando un atavío.

Vuelve donde a las rosas el rocío

conduce al festival de sus vidrieras.

Llaga que en tu costado reverberas,

No tiene en mí ni un leve calosfrío.

Del bosque entero harás carpintería

que yo estaré impasible a tus labores

encerrado en mi cruenta alfarería.

El grano busca en otro sembradío.

Yo no tengo qué darte, ni unas flores.

Haz que tenga piedad de Ti, Dios mío.

Si se lee con cuidado, la única forma de leer por otra parte, se verá que Pellicer se iguala con Dios, lo compadece para que Dios, en el intercambio obligado lo compadezca a su vez por humilde, por pobre irremediable, y a partir de esa igualación se ratifique el encuentro. La antología de Leopoldo Cervantes-Ortiz es un trabajo magnífico que merece ser leído por todos aquellos que valoran el sitio central de la religión en nuestras vidas.



Referencias:

José Ramón Alcántara

Armando González Torres

Javier Sicilia y Patricia Gutiérrez-Otero, "El salmo fugitivo: antología de poesía religiosa latinoamericana", en Siempre!, 29 de noviembre de 2009.


Ecuador en antología poética religiosa
Alejandro Querejeta

La Hora, Quito, 9 de noviembre de 2009

El salmo fugitivo, una antología de poesía religiosa latinoamericana, es el título que acaba de salir a la luz por la editorial española Clie, con la edición de Leopoldo Cervantes- Ortiz, escritor, profesor universitario de teología reformada y poeta mexicano.

Ecuador está representado en la selecta nómina de 127 poetas por Jorge Carrera Andrade, cuya recopilación aparecida en 1945 con el título de ‘Registro del mundo’ está considerada como una de las más bellas muestras de la lírica hispanoamericana.

El acontecimiento editorial ha tomado por sorpresa a algunos autores como Alejandro Querejeta Barceló, cubano radicado en Ecuador desde 1993, quien figura en la antología al lado de compatriotas suyos como José Lezama Lima, Emilio Ballagas, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Eliseo Diego y Nicolás Guillén.

Querejeta, escritor, poeta y periodista, finalista del Premio Casa de las Américas por su novela Los términos de la tierra (1985), ha escrito varios poemarios entre los que figuran como últimos títulos: Álbum para Cuba (1996), publicado en Ecuador, y Círculo de dos (2006), en Holguín, Cuba.

En Ecuador ha desarrollado una notable labor editorial, entre la que precisamente se encuentra una edición de la poesía completa (Obra poética, Quito, 2000) de Jorge Carrera Andrade.


El libro

Según Cervantes-Ortiz, el criterio básico para conformar esta obra “fue la calidad poética, por encima de todo”. También tuvo en cuenta la representatividad, “pues la antología incluye autores de la mayor parte de los países latinoamericanos, razón por la cual el volumen es de gran tamaño”. En la antología, con prólogo de Carlos Monsiváis, figuran Rubén Darío, los Premios Nobel Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Octavio Paz, así como los Premios Cervantes Jorge Luis Borges, Dulce María Loynaz y Juan Gelman. El volumen debe su título a un poema de León Felipe, autor español que se exilió en los años 30 del siglo XX en México, donde falleció en 1968. Cervantes-Ortiz aclaró que Felipe está incluido porque la mayor parte de su trabajo literario lo realizó precisamente en México.

La selección también recoge poemas de figuras de primera línea como Amado Nervo, César Vallejo, Juana de Ibarbourou, Roque Dalton, Mario Benedetti, Ernesto Cardenal, Vinicius de Moraes y Alejandra Pizarnik, entre otros.


EL DATO‘

El salmo fugitivo fue presentado el 7 de noviembre en México, D.F.

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